30 años de Vilaró Químics: cómo llegamos a producir 160.000 litros mensuales de detergente profesional

Treinta años pasan volando cuando la atención al detalle y la respuesta inmediata a las demandas de los clientes marcan el compás. Hoy hemos decidido detenernos un instante para echar la vista atrás y recordar nuestros inicios. Nuestra historia empieza con un garaje convertido en base de operaciones, un coche personal vendido para adquirir nuestra primera furgoneta y un emprendedor que se encargaba de vender, fabricar y repartir productos de limpieza por las tardes, una vez terminada la jornada en la empresa donde trabajaba. Treinta años después, Vilaró Químics produce 160.000 litros de detergente al mes y presta servicio a cientos de distribuidores de España y Portugal. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Empecemos por el principio. Corría el año 1996 cuando Juan Vilaró decidió emprender su propio negocio. Llevaba años trabajando para una empresa química y conocía bien el sector. Al principio compaginó ese empleo por cuenta ajena, que ejercía por las mañanas, con el proyecto que había cobrado forma en su mente y que materializaba por las tardes.

Como la mayoría de las historias de emprendedores que parten de cero, la de Vilaró Químics se inició en un garaje, el que se encontraba debajo de la casa de Juan. Se convirtió en el centro de operaciones desde el que fabricaba los productos de limpieza que antes había vendido a bares y restaurantes. Se encargaba de todo. También de repartir los detergentes con la furgoneta que había comprado tras vender su coche. Los inicios fueron duros —apenas producían 1.000 litros mensuales de detergente—, aunque también estuvieron llenos de oportunidades.  El apoyo de la familia fue clave. “Mi madre venía a ayudarme”, recuerda Juan Vilaró.

Pronto se dio cuenta de que había llegado el momento de evolucionar. “Nos trasladamos a una nave de 600 metros y pasamos a vender a distribuidores para servir más cantidad a menos clientes y no necesitar una estructura demasiado grande”. Es el modelo de negocio que Vilaró Químics ha mantenido desde entonces, con un enfoque generalista, pese a que la mayoría de sus compradores operan en el exigente sector horeca. En 2019 la empresa dio otro salto al adquirir su nave actual de 1.500 metros cuadrados.

“Disponemos de una cuota de mercado interesante y estamos muy saneados. Queremos crecer e incluso vender en Europa, pero nuestros crecimientos siempre han sido y serán controlados”, explica Juan con la mirada en el futuro. La prudencia de su gestión se basa en un principio básico que Vilaró Químics ha preservado en estas tres décadas: dar un servicio prémium. “Mantenemos compradores desde hace veinticinco años, y esa fidelidad no se debe solo a la calidad de nuestro producto, sino también al nivel de nuestro servicio”.

Quien está destinado a tomar el relevo de esta vocación de servicio es el hijo de Juan, Joel Vilaró. Hace años que trabaja a su lado para impregnarse del negocio y de esta filosofía. “Queremos que nos vean como partners, no como un simple proveedor. Si el cliente tiene un problema y está en nuestras manos, vamos a ser todo lo flexibles que sea necesario para solucionarlo”, explica Joel. “Lo cambiamos todo, incluso nuestra organización interna, con tal de satisfacerlo”, coincide Juan.

Esta cercanía a las necesidades de los distribuidores ayuda a Vilaró Químics a detectar las tendencias de consumo y las preferencias que poco a poco se asientan en el sector de la limpieza. Eso los llevó, por ejemplo, a apostar fuertemente por los productos biológicos, cuyo efecto es más profundo, duradero y respetuoso con el entorno que los detergentes convencionales. O a priorizar las prácticas responsables con el medioambiente, algo que hace treinta años apenas recibía la atención de la industria y que ahora afecta tanto a los fabricantes de materias primas como a los elaboradores y clientes finales.

En este contexto, Vilaró Químics se está esforzando en reforzar su catálogo de soluciones con una línea que previsiblemente ganará peso en los próximos años: la de los detergentes concentrados. “Los usuarios exigen principios activos igual o más eficaces que antes, pero con menos dosis, para reducir el uso de envases de plástico y los costes de transporte. Ellos ya se encargan de la dilución en el momento de aplicar el detergente”, detalla Joel.

La entrada en los productos concentrados será el siguiente paso de una empresa que no ha dejado de evolucionar junto a sus clientes a lo largo de estas tres décadas. Una empresa que ha hecho de la cercanía, el crecimiento tranquilo y la confianza los motores del éxito.

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